La mayoría de las botellas de plástico utilizadas a diario para el consumo de bebidas son fabricadas en polietileno tereftalato o PET. Este PET sigue un proceso de transformación en 4 etapas para convertirse en botella.
Se parece a una probeta: en realidad se trata de una mini botella en la que solo el cuello es definitivo. Esta preforma se fabrica calentando un granulado plástico (que puede proceder del reciclado) a 270°C. Este granulado será mezclado para obtener una pasta homogénea, e inyectada en un molde para transformarse en preforma.
La preforma recobra su plasticidad cuando se calienta a alrededor de 100°C delante de las lámparas infrarrojas. La intensidad y el reparto del caldeo son esenciales para fijar y optimizar las características visuales y mecánicas de la botella final.
La preforma caliente se introduce en el molde final, se estira y se sopla con alta presión para adoptar su forma definitiva:
La botella se llena, se tapa, se etiqueta, se agrupa en packs y se pone en palets antes de instalarse en las estanterías de las tiendas.
Exceptuando la fabricación de la preforma, todas estas operaciones se realizan en la misma línea de producción.